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Ningún tratamiento facial, funciona a la perfección, si inicialmente no se ha realizado una limpieza en profundidad.

Esto es lo que consiguen las corrientes galvánicas. Por su eficacia y comodidad, se ha convertido en un imprescindible en cualquier centro de belleza. Veamos en qué consiste.

Realmente, la técnica que se usa para aplicar corriente galvánica en la piel es sencilla. Se trata de utilizar el flujo continuo de energía que se crea al poner en contacto un polo con iones negativos y otro con iones positivos. Estos iones penetran en la dermis y tienen un triple efecto: electrotermal, electrofísico y electroquímico.

Es un tratamiento absolutamente indoloro, apenas un ligero picor al principio, que se transforma en una agradable sensación de calor en unos pocos minutos. Solo hay que tener la precaución de no aplicarlo en zonas que presenten algún tipo de erosión. Las sesiones duran alrededor de 20 minutos y los resultados son inmediatos y verdaderamente espectaculares.

El principal efecto que tiene la corriente galvánica en la piel es el de realizar una limpieza en profundidad, que incluye el sellado de los poros abiertos, pero no es el único. Entre los beneficios más destacados están:

  • Se oxigena la piel debido a la activación de la microcirculación.
  • Mejora la firmeza, ya que aumenta la permeabilidad de las células y, por tanto, hace posible una mayor absorción de nutrientes.
  • Se consigue una piel más suave, como consecuencia de la estimulación de las glándulas secretoras y la recuperación del equilibrio del pH.
  • Mayor hidratación, puesto que la corriente galvánica en la piel actúa directamente sobre la producción natural de colágeno.
  • Desaparición o disminución de las arrugas y freno del envejecimiento mediante el reequilibrio de los procesos químicos de la piel.
  • Uniformidad y luminosidad en el cutis, puesto que la corriente galvánica en la piel facilita la eliminación de toxinas y tiene un efecto antioxidante

Como ocurre con cualquier tratamiento estético, cada vez hay una mayor oferta de aparatos.

El caso de la corriente galvánica en la piel no es una excepción. Tanta variedad puede complicarte a la hora de elegir la máquina que adquieres. Para no equivocarte y comprar una realmente eficaz y segura, solo tienes que fijarte en estos elementos:

  • Que emita una corriente eléctrica de baja potencia (en torno a los 5 W) y de baja intensidad (30-65 Microamperios).
  • Que cuente con termostato para poder regular la intensidad.
  • Que tenga un miliamperímetro en el que se visualice la intensidad de esa corriente.
  • Que los electrodos estén fabricados en un material que facilite la entrada y salida de la corriente eléctrica atravesando la resistencia que opone la piel.

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